BROX Y EL BOSQUE
Brox era un perro fiel que vivía con los Darling en una espaciosa casa donde podía correr, jugar con los niños y divertirse sin temor alguno. Brox nunca se atrevió a pasar de la alta y larga valla blanca que limitaba el jardín de la casa de los Darling.
Un día encontró a una preciosa mariposa que revoloteaba por el jardín luciendo sus preciosas alas de color naranja y azul. Brox no pudo reprimirr las ganas de atraparla, así que la persiguió por todo el jardín hasta que la valla se interpuso en su camino. Brox dudó un instante antes de saltarla, pero esas alas naranjas y azules le producían una placentera sensación de tranquilidad y decidió saltarla.
La mariposa se adentró en el bosque y Brox la siguió hasta que la espesa vegetación le hizo perder de vista su objetivo y también el camino de regreso a casa. Asustado, empezó a buscarlo ansiosamente. Nunca había estado tan lejos de su hogar y sentía un miedo que le recorría todo el cuerpo.
Vagabundeó por el bosque hasta que cayó rendido por el hambre, el sueño y el terrible dolor que sentía en sus patitas por las largas horas que estuvo caminando. De repente escuchó una voz que le resultó familiar y vio cómo la familia Darling se acercaba corriendo hacia él. Entonces sintió un gran alivió y se desmayó.
Brox se recuperó bien y volvió a jugar con los hijos de los Darling en su jardín, solo que ahora sentía un tremendo temor a ese bosque que se encontraba tras la valla.
(Júlia Batista)
Cinco sacos
En una pequeña y humilde casa lejana de la ciudad habitaba la familia Wagner, que estaba compuesta por los padres, Fernando y Gabriela; el hijo mayor, Ariel, de veinte años y Cassel, de diez. Con ellos vivía también Beethoven, un perro de tres años y Sara, una gata de dos.
Ariel y Axel cuidaban de estas dos mascotas. Con ellos compartieron muy lindos momentos.
Sara siempre peleaba con Beethoven por motivos diferentes: por el sofá más cómodo, por el sitio de la entrada de la casa para dormir la siesta, por el mejor plato de comida, etc.
Una tarde Axel jugaba a la pelota con Beethoven en el extremo del campo, casi al costado de los vecinos que en ese momento estaban de vacaciones en la ciudad. Sara los había seguido todo el camino.
Axel lanzó la pelota tan lejos que había pasado al terreno de los Prenollio. Bethoben fue en busca del objeto redondo y tan pequeño que lo cogió con la boca. Al cogerla pisó una parte del terreno muy blanda, tan blanda que se le enterraron las patas.
El perro decidió cavar y Sara también. Ambos vieron una docena de sacos de billetes.
Axel fue en busca de la carretilla que estaba detrás de la casa y metió los cinco sacos encima para llevárselos a su padre que estaba en el corral.
(NICOLÁS HORNOS)
LILIA VIAJERA
Lilia era una perrita jovencita y tímida, pero muy valiente. Tenía un dueño llamado Lorenzo, al que le había tocado la lotería. Fue entonces cuando decidió comprarse un barco y pasar el resto de su vida navegando de un sitio a otro, era el sueño de toda su vida.
Juntos habían hecho varios viajes por el Atlántico y por diferentes mares. Para la perrita el barco de su dueño era como su casa. Se pasaban la vida en el mar o iban de un puerto a otro.
Un día, cuando estaban en Italia, Lorenzo decidió hacer un viaje a Lisboa, ya que nunca habían estado allí. Estuvieron toda una noche cargando la comida y otras cosas que necesitaban para hacer el viaje. Saldrían al día siguiente, después de comer. Al amanecer acabaron de cargar todos los trastos en el barco. Lilia estaba en el muelle algo desconcertada; debido al cansancio, se equivocó de barco y subió al de al lado.
El barco pertenecía a dos chicos que salían a buscar una mercancía de productos artesanos. Lilia se quedó dormida a causa del cansancio y los chicos zarparon rumbo a Grecia.
No se dieron cuenta de que llevaban una perrita hasta al cabo de dos horas. Tenían que llegar a su destino antes de que acabara el día y no podían perder ni un minuto, de manera que la llevarían durante todo el viaje. Los chicos debían ir de Grecia a Japón y luego a Méjico, así que llevarían a la perrita a Lisboa, donde esperaría Lorenzo.
La perrita se lo pasó muy bien durante el viaje, pero le faltaba su dueño, ella no estaba acostumbrada a viajar sin él.
Tardaron casi 200 días en terminar el viaje. Lilia creía que no volvería a ver a su dueño. Pero cuando llegaron al puerto de Lisboa y lo vio no paraba de lamerle y abrazarle.
Estaba muy contenta, aunque también les había cogido mucho cariño a los chicos.
GEMMA MARÍN


Las historias de mis compañeros me parecen muy originales. También me parecen muy emotivas y me han gustado más que la mía.
Hasta pronto
ESTEFANIA CASTILLO 4ºA